El 25 de diciembre es una fecha emblemática: Se celebra la Navidad en la tradición cristiana. Sus orígenes, no obstante, van mucho más allá del nacimiento de Jesús.
Esta fecha está profundamente vinculada al Sol Invictus, el solsticio de invierno y una interesante amalgama de significados astronómicos, astrológicos y religiosos.
Antes de nada, ¡feliz día de Navidad y feliz solsticio!
Te invito a leer una reflexión sobre el significado de este día desde un punto de vista histórico, simbólico y astrológico:
¿Qué es el Sol Invictus?
El Sol Invictus, o «Sol Invicto», representa la victoria de la luz sobre la oscuridad y el renacimiento tras la noche más larga del año (el solsticio de invierno en el hemisferio norte) simbolizando esperanza, renovación y el ciclo eterno de la vida.
El culto al Sol Invictus llegó a Roma desde Oriente, específicamente de la región que hoy conocemos como Siria, a través del emperador Marco Aurelio Antonino Augusto, más conocido como Heliogábalo.
Este joven emperador, que gobernó entre los años 218 y 222 d.C., era sumo sacerdote de El-Gabal, una deidad solar venerada en su ciudad natal de Emesa (actual Homs, Siria). Durante su breve y controvertido reinado, desplazó a Júpiter como principal dios del panteón romano y elevó a El-Gabal a esta posición, adaptándolo al contexto romano bajo el nombre de Deus Sol Invictus (Dios Sol Invicto) para facilitar su aceptación entre la población. Este cambio marcó una etapa significativa en la evolución religiosa del Imperio romano.

Representación del ‘Sol Invictus’ Romano
El Solsticio de Invierno
Es importante tener en cuenta que este solsticio es para el hemisferio norte.
El solsticio de invierno, que ocurre alrededor del 21 o 22 de diciembre en el hemisferio norte, marca el día más corto del año y el punto en el que el Sol comienza a «renacer», es decir, los días empiezan a alargarse y los minutos de luz se van ampliando poco a poco.
En términos psicológicos y espirituales, el solsticio representa un momento de introspección profunda, donde enfrentamos las sombras de nuestra existencia y, desde esa oscuridad, iniciamos un proceso de renovación.
Este renacimiento no solo lo encontramos en los ciclos de la naturaleza, sino que también es un recordatorio de que, incluso en los momentos más oscuros de la vida, hay potencial para la transformación y el crecimiento.
¿Por qué la Iglesia relacionó el nacimiento de Jesús con el 25 de diciembre?
Históricamente, Jesús no nació el 25 de diciembre. De hecho, los Evangelios no especifican una fecha para su nacimiento.
Sin embargo, en el siglo IV, durante el Concilio de Nicea (325 d.C.), la Iglesia decidió establecer esta fecha como oficial.
Estos fueron los motivos:
- Sincretismo cultural: En ese momento, el Imperio Romano estaba en transición hacia el cristianismo como religión dominante. Vincular el nacimiento de Jesús con el Sol Invictus ayudaba a unir las creencias paganas al cristianismo, incluyendo sus festividades, facilitando así su aceptación entre los romanos.
Fue, principalmente, una decisión práctica para unir ambas creencias y promover la aceptación del cristianismo. - Simbolismo: Jesús, como «la luz del mundo», encajaba perfectamente con la idea del renacimiento de la luz que el solsticio representaba.
- Astrología y astronomía: Los ciclos solares y el simbolismo de la luz han sido fundamentales en muchas tradiciones espirituales. En este contexto, el Sol Invictus y el arquetipo de Jesús representan esperanza, renovación y salvación.
Algunas evidencias de que Jesús no nació un 25 de diciembre
Varios estudios apuntan a que el nacimiento de Jesús probablemente ocurrió en primavera u otoño. La mención en el Evangelio de Lucas (2:8) de que los pastores estaban cuidando a sus rebaños al aire libre, algo poco probable en las frías noches de diciembre en Judea, así parece indicarlo.
También en el Evangelio de Lucas (2:1-4), se relata que José y María viajaron a Belén debido a un censo ordenado por el emperador Augusto. Históricamente, los censos romanos se realizaban en momentos del año más favorables para viajar, como en primavera o verano, para evitar las complicaciones del invierno.
Astrología y el 25 de diciembre
Desde una perspectiva astrológica, el solsticio de invierno simboliza el triunfo de la luz sobre la oscuridad. El 25 de diciembre cae bajo el signo de Capricornio, regido por Saturno, un planeta asociado con la estructura, el orden y la renovación a través del esfuerzo y, a veces, el sacrificio.
Esta combinación refuerza la narrativa de Jesús como figura de salvación y redención.
También Saturno se asocia al materialismo y a la figura del Diablo, cuando es representado en su arquetipo sombra. Esa dualidad encaja con el arquetipo del Sol Invictus, cuando se termina la ‘sombra’ y empieza el renacer de la ‘luz’.

Carta del Diablo, Tarot Rider Waite.
En su mano derecha, levantada, lleva la marca de Saturno tal y como se representa en Astrología.
El Renacimiento y la Victoria de la Luz sobre la Sombra
El simbolismo del solsticio trasciende lo astronómico. Representa un viaje interno en el que enfrentamos nuestras sombras y limitaciones para transformarlas en luz y claridad, expresado en la cultura como ‘La Noche Oscura del Alma’.
En términos psicológicos, este proceso está vinculado al arquetipo de la muerte y el renacimiento: dejar morir lo viejo (patrones, creencias, estructuras) para permitir que algo nuevo emerja.
En astrología, este ciclo también está presente en el arquetipo de Plutón, que simboliza la transformación profunda, y el de Saturno, que nos obliga a construir desde la experiencia adquirida.
En la tradición cristiana, el nacimiento de Jesús en la oscuridad de la noche también refleja esta dinámica: una promesa de luz y redención que surge del momento más sombrío.
Palabras de Jesús en el Evangelio de Juan (8, 12):
«Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá luz y vida«.
En la evolución humana, esta narrativa se repite constantemente: nos enfrentamos a crisis que parecen insuperables, solo para descubrir que ellas mismas son el catalizador de nuestra transformación. El triunfo de la luz sobre la sombra es una metáfora universal para la esperanza, el crecimiento y el poder de renovación.
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