Saturno, Neptuno, Urano y Plutón preparan una orquesta sinfónico cacofónica que modificará la melodía del mundo
Hay momentos en los que la historia parece caminar de puntillas… y otros en los que avanza con botas de hierro. El cielo de los próximos años —desde este mismo 2025 y con epicentro en 2026— es una sinfonía poderosa, intensa y llena de revelaciones. También de disonancias… está música no vendrá con flores en el pelo ni la podremos escuchar descalzos en festivales veraniegos…
Vendrá con fuerza. Y sobre todo, ofrecerá la oportunidad de poder ver al villano.
Sí, ese villano que ves afuera y que también llevas dentro.
Y ese que, desde hace siglos, susurra desde las sombras del linaje humano.
(Aviso: este post va a ser largo. Pero teniendo en cuenta que los planetas de los que vamos a hablar estarán entre 2,5 y 18 años en sus respectivos signos… quizá 10 minutos de lectura no sea tanto tiempo. O sí.. En cualquier caso, este post tiene como objetivo ser una fuente de consulta, y puedes volver a ella cuando lo necesites. Porque condensar lo profundo sin quedarnos cortos… no es tarea sencilla… Léelo a tu ritmo, y guárdalo como quien guarda un mapa para cuando el camino se ponga interesante).
Saturno y Neptuno: la fusión entre estructura y disolución


En febrero de 2026, Saturno y Neptuno se encuentran en el grado 0 de Aries. Pero este encuentro no es solo astrológico, es arquetípico. Marca el fin de un ciclo de 36 años y el inicio de una relación completamente nueva entre la materia (Saturno) y el espíritu (Neptuno).
- En Piscis, donde ya llevan tiempo bailando, nos han ido recordando que los límites eran permeables, que la realidad era un sueño denso y que no todo lo que brilla es amor (en esto último, se han esmerado…).
- En Aries, donde harán la conjunción, lo etéreo y lo estructural chocan en el fuego del inicio. El alma quiere tomar forma, pero solo lo auténtico sobrevivirá (hora de poner atención a lo realmente inauténtico: muy atractivo y con mucho brilli brilli pero más traicionero que el Caballo de Troya).
Este tránsito es una prueba de fuego para el ego y la identidad: ¿de verdad eres tú quien actúa, o solo estás reaccionando desde heridas ancestrales? ¿Quién lleva el timón cuando tomas decisiones: tu alma, tus ideas, o tus patrones familiares de hace generaciones?
Porque aquí entra en juego el villano, y no es solo un personaje de Marvel o DC. Son las memorias no resueltas, los arquetipos atascados, las energías heredadas que aún vibran desde el fondo del inconsciente colectivo. Las creencias limitantes que ni siquiera sabes que llevas, pero que manejan los hilos desde las bambalinas de tu psique (wow, esta frase no la mejora ni el Chat GPT).
El teatro de sombras: el villano ancestral

Este villano no viene con máscara ni capa. Viene con sabotajes internos, con autoengaños muy refinados y bien presentados. Y también con nombres y apellidos: estructuras de poder, ideologías disfrazadas de espiritualidad o líderes carismáticos que despiertan más fanatismo que libertad. (Alexa, busca ‘señor zumbado blandiendo motosierra…’).
Neptuno en Piscis ha sido como un largo sueño de 12 años en el que hemos confundido intuición con ilusión. Y ahora que va entrando en Aries junto a Saturno, toca despertar con honestidad: si el ego se cree el alma, la distorsión está servida. Si la espiritualidad huye del cuerpo, solo estamos repitiendo la huida del trauma.
El villano se desactiva cuando es reconocido, abrazado y transmutado. No con dureza y frialdad, sino con contundencia y beligerancia amorosa.
Como bien señala la astróloga Heather Ensworth, este tránsito es una oportunidad para integrar la sombra no desde el juicio, sino desde la compasión radical. El guerrero arquetípico no vence: sana.
Y es que muchas veces, lo que nos impide avanzar no es la falta de voluntad, ni la falta de talento…
Sino que nos identificamos con estructuras que nunca fueron nuestras.
Ideas políticas, sistemas de creencias, lealtades invisibles a nuestro linaje, valores heredados, modelos de éxito o de espiritualidad, mandatos familiares sobre cómo ser, amar, triunfar o servir.
Todo eso, en apariencia sólido, nos da identidad. Pero no siempre autenticidad.
Saturno en Aries pone en evidencia hasta qué punto nos vestimos con ropajes ajenos para sentir que existimos. Y lo más doloroso: cómo esos ropajes, al no ser auténticos, terminan saboteando nuestros proyectos más sinceros.
Y ojo, porque esto va en serio: muchos de nuestros bloqueos, a todos los niveles, están aquí porque nos convertimos en guardianes de una estructura que nos aprisiona, en vez de canalizar el fuego creador que el alma pide expresar.
Cuidado con esto: el que esté libre de sombra, que lance la primera piedra. Porque ninguno de nosotros —por mucho fuego ariano que llevemos dentro— estará exento de enfrentar esto en carne propia.
La tiranía no estará solo fuera. Estará en el otro y en uno mismo, en simultáneo, como un espejo cruzado que nos obliga a sostener la mirada sin desviarla.
Este ciclo no nos dejará mirar desde la barrera: nos pedirá entrar en la arena.
Este tránsito no quiere que niegues tu historia, sino que la revises desde la raíz, con amor pero sin autoengaño. Porque lo que no es tuyo, aunque lo defiendas con pasión, acabará por desintegrarse cuando llegue el momento de crear. Es más, no crearás nada si sigue estando allí presente en ese momento.
Y al sanar, algo se gesta…
Una semilla de creación empieza a germinar.
Como si este proceso confrontante y lúcido fuera el umbral necesario para acceder a una creatividad más libre, más consciente, más alineada con lo que de verdad viniste a traer al mundo.
Urano en Géminis: nervios, redes y chispas mentales

A la fiesta se une Urano, que entra definitivamente en Géminis en abril de 2026, iniciando un tránsito de 7 años que revolucionará el modo en que nos comunicamos… y nos conectamos.
Prepárate para:
- Una aceleración mental sin precedentes: ideas, estímulos, información. Todo a velocidad eléctrica.
- Una redefinición de la verdad: lo que era dogma, se desarma; lo que era marginal, encuentra voz.
- Una mutación del lenguaje: memes, símbolos, mantras, código, poesía psíquica. La palabra como hechizo.
Pero cuidado con la sobrecarga: el sistema nervioso será el campo de batalla. Lo que no se asimile con calma, explota en ansiedad, dispersión, disociación, a veces locura, incluso insomnio existencial.
Como dice la astróloga Mercedes Arnús en sus lecturas del tránsito de Urano, “vamos a vivir en una nube de conexiones instantáneas, pero la verdadera revolución será la profundidad emocional en lo breve”.
Urano en Géminis no quiere solo que hablemos: quiere que digamos lo que nadie se atrevía a nombrar. Pero ojo, cuando nombremos, hagámoslo con criterio y discernimiento, y no como un o una iluminad@ en pleno parque, gritando a los cuatro vientos que Jesús está cerca y que el milinenenrarismo va a shegarrr…
Higiene energética y libertad personal

(O cómo no cargarte con lo que no te toca mientras buscas quién eres)
Con Saturno y Neptuno en Aries, Urano en Géminis y Plutón removiendo el inconsciente colectivo… la antena está abierta las 24 horas.
Y lo que capta no siempre es útil.
Será fundamental —más que nunca— discernir.
Sí, discernir. Porque en la búsqueda Ariana, necesitamos probar y experimentar. Es la dinámica del ‘ensayo-error’ que tanto aprendizaje fomenta… aunque acabemos con más de un moratón y con chichones de más.
Esa experimentación pide, en estos tiempos con Saturno y Neptuno en Aries, una actualización —aka update—. Algo que nos saque del viejo patrón causa‑efecto (léase: martillo con clavo, cuadro colgado… o dedo aplastado) para que, antes de actuar, podamos intuir, leer la energía y tomar acción con conciencia. No se trata de dejar de experimentar, sino de hacerlo sin repetir siempre el mismo chichón. Aries, como buen experimentador, se chichonea mucho… bendito sea.
¿Qué estás sintiendo, qué estás canalizando, qué estás confundiendo con “intuición”, y de dónde viene realmente toda esa información, energía, sensación o mensaje que atraviesa tu campo?
Porque Aries, con todo su ímpetu y vitalidad, quiere lanzarse a la experiencia, la acción, la conquista, la autenticidad… esa es su naturaleza (God bless Aries).
Pero sin un poco de higiene energética, esa búsqueda se convierte en una fiesta de máscaras donde el alma acaba agotada y el cuerpo, contaminado.
⚠️ Amistades, parejas, vínculos sexuales, entornos de trabajo, grupos espirituales o incluso perfiles de Instagram pueden ser canales de transferencia energética densa.
Y no porque sean “malos” o “tóxicos” (esa etiqueta ya está muy usada y, quizá, es un tanto juiciosa…), sino porque simplemente no están en coherencia con tu proceso.
Especialmente delicado es el tema del sexo desconectado del alma.
Porque aunque socialmente se ha vendido como libertad (Arquetipo de Aries desencadenado rompiendo un patrón milenario de represión), muchas veces se convierte en intercambio de residuos psíquicos no elaborados.
En el caso de las mujeres, especialmente, el útero —como receptáculo simbólico de creación— puede cargarse con energía densa procedente de hombres poco presentes, mentirosos encantadores, egocéntricos disfrazados de vulnerables, o simplemente emocionalmente irresponsables.
(Neptuno en sombra tomando forma humana, básicamente.)
Y no se trata de dejar de experimentar —eso sería traicionar a Aries, ¡y que viva Aries!: es el primero o primera en tocar lo que quema, para luego avisarnos que no lo hagamos los demás—.
Se trata de discernir sobre quién dejas entrar no solo en tu cuerpo, sino en tu campo. También de saber a quien penetras, a todos los niveles, con tu energía y acciones, y que efecto tienen en ell@s.
Porque si estás sembrando un proyecto del alma y llevas el útero lleno de lo que otr@ no quiso procesar… va a costar mucho crear algo limpio.
Y si estás abriendo tu alma a la acción y vas sembrando energía donde no debe ser sembrada, nada germinará. Solo cosecharás tierra yerma.
Por eso: limpieza.
- Dúchate después de vínculos intensos, literal y simbólicamente.
- Haz silencio tras un encuentro.
- Respira profundamente y pregúntate: “¿Esto es mío?”
- No todo lo que brilla es conexión: a veces es solo seducción egóica con fondo vacío.
Y si notas que estás agotad@, dispers@, desconectad@ de ti, repítelo como mantra:
“No todo lo que vibra, vibra conmigo.”
Este ciclo pide soberanía energética.
No para volverte impermeable ni dejarte de relacionar con los demás, ni dejar de amar con el corazón ni con otras partes del cuerpo… sino para elegir con claridad qué te nutre, qué te sostiene y qué te drena.
Libertad sin conciencia es cacofonía.
Pasión sin presencia es energía quemada, no dirigida.
Y lo espiritual sin raíces, se disuelve en un algo momentáneo.
Plutón en Acuario: 18 años de mutación colectiva

Y en el fondo de esta sinfonía cacofónica, Plutón en Acuario (2024–2044) sigue tocando las percusiones del poder colectivo. Está desmantelando lo que ya no sostiene el alma común: sistemas políticos, tecnológicos, educativos, espirituales. Todo está en revisión.
Plutón es el agente de la verdad cruda. Y en Acuario, esa verdad ya no es individual. Es compartida. Es transpersonal. Ya no es solamente tuya, sino de todos.
Las grandes estructuras de poder no están cayendo por casualidad. Los “villanos visibles” —corporaciones, líderes narcisistas, señores de piel naranja y pelo amarillo, instituciones corruptas— se están dejando ver porque el ciclo pide que ya no proyectemos ni representemos la sombra: pide que la asumamos.
Como plantea el astrólogo José Millán en uno de sus análisis, “Plutón en Acuario no viene a traer una utopía, sino a limpiar las raíces de nuestra falsa fraternidad”.
¿Qué nos pide este ciclo?
Este combo astral nos empuja a una verdadera revolución desde el alma. Pero no es épica, ni externa, ni ruidosa. Es una revolución:
- que empieza por ver al villano interno y externo sin miedo,
- que se atreve a comunicar sin buscar aceptación ni reconocimiento,
- que rompe el molde del ego espiritual para abrazar el caos creativo del alma,
- y que se prepara para crear algo radicalmente nuevo, no desde la urgencia, ni la prisa, ni los objetivos; sino desde la propia verdad.
Porque todo este proceso —entre revelación, limpieza y confrontación— está gestando algo más grande: una nueva visión creativa del mundo y del yo.
El onanismo espiritual y la disolución del ego‑zen
Después de 2,5 años de Saturno y 12 de Neptuno en Piscis, ha quedado bien instalada en el aire una espiritualidad con aroma a incienso pero sabor a ego refrito. Nos ha dejado frases bonitas y pegadizas, tales como:
- “Ámate a ti mism@ primero”
- “No puedes estar para nadie si antes no estás bien tú”
- “Tú eres tu prioridad”
- “Si te incomoda, aléjate”
- “Suelta todo lo que no te haga vibrar alto”
Y sí, claro… algunas veces estas ideas ayudan a poner límites o a sanar.
Pero muchas otras, lo que hacen es perpetuar un egocentrismo disfrazado de consciencia, y una justificación para ir por libre y poder hacer lo que a un@ le venga en gana.
Porque no: no evolucionamos en soledad. Evolucionamos en el espejo del otro.
Porque contigo mism@ ya sabes jugar. O al menos, ya sabes esquivarte. Hacerse trampas al solitario es fácil… más fácil que jugar en grupo. En la intimidad del onanismo espiritual, todo parece armonía, hasta que aparece el otro y nos muestra dónde todavía hay cosas por trabajar. Ahí empieza el verdadero camino.
Este es uno de los villanos más actuales y sofisticados: el del individualismo zen, esa versión del ego que se pinta de chakra pero se comporta como un algoritmo.
Saturno y Neptuno en Aries van a disolver ese azúcar espiritual en el amargo café hirviendo del yo auténtico. Porque la individuación —como diría Carl Jung— no tiene nada que ver con la autosuficiencia, sino con un yo que se construye en el contacto, la fusión, en el vínculo, en la prueba real del encuentro; con el otro, y con los otros.
También, en la aceptación de la sombra ajena.
Es hora de dejar de confundir autonomía con aislamiento e hiperindependencia.
Y eso, amigas y amigos… va a picar más que los mosquitos en verano.
Preguntas que activan la revolución interior
- ¿Qué patrones familiares sigues repitiendo sin darte cuenta?
- ¿A qué ideas te aferras porque te dan identidad, no verdad?
- ¿Estás dispuesto a dejar de ser especial para empezar a ser auténtic@?
- ¿Qué parte de ti aún necesita un villano para sentirse víctima?
- ¿Estás dispuest@ a plantarle cara al villano, no desde la herida, sino desde la ética no violenta del alma?
¿A ponerte en pie no como víctima, sino como portador(a) de justicia? - ¿Cómo sería vivir desde una voluntad alineada con el alma, no con el miedo?
- ¿Qué estás empezando a crear desde esta nueva conciencia?
Una última imagen Neptuniana
Imagina un teatro en penumbra. Las luces se encienden, lentamente. El telón se levanta. Y allí está: el villano, el héroe, el sabio, el niño herido… todos con tu rostro. Te miran. No hay aplausos.
Entonces sonríes. Sabes que por fin puedes reescribir el guion. Desde el alma.
Y quizás, desde esa claridad recién comprendida, comiences a crear algo nuevo, fresco y profundamente auténtico.
¿Te resuena este momento vital?
Si esta lectura ha tocado algo en ti, te invito a compartirla con quienes sientes que también están atravesando esta revolución interna.
Puedes dejar en los comentarios qué parte de ti estás empezando a revelar… o qué estás a punto de crear.
✨ Estos tránsitos tendrán un impacto único para cada persona, dependiendo del diseño de tu programa en la carta natal, de las casas por las que transiten y de los aspectos que activen con tus planetas natales.
Si quieres explorar cómo se manifiestan en tu vida estos movimientos del alma y del cielo, contáctame para una lectura personalizada.
Estaré encantado de acompañarte en este proceso de lucidez, reencuentro y creación.
El camino se abre cuando elegimos mirarlo.
PD. Todas las imágenes de este post han sido creadas con IA.
Están debidamente registradas, así como este texto.


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